29.9.07

Cita en Mallorca


Hasta este verano, yo nunca había hecho senderismo con auténticos aficionados a la montaña. Aunque tuvieron consideración con mi falta de experiencia, me llevaron por unos caminos que, para los peatones urbanos como yo, ni son camino ni sendero ni vereda que se le parezca. Sin embargo para ellos sí que lo eran, porque, y esto es lo que me llamó la atención, estaban citados; estaban llenos de citas.
Yo entendí casi enseguida de qué se trataba, aunque no había escuchado nunca citar ni cita con ese significado, y lo adopté inmediatamente como si fuera lo más lógico del mundo. Como estábamos en los montes de Mallorca, no sé si la expresión pertenece a la jerigonza de los senderistas en general o sólo a la de los mallorquines, pero sea como fuere me persiguió la idea durante el resto de las vacaciones.
El caso es que una cita en la montaña es una señal, una marca que indica por dónde sigue la senda. Hay distintas variantes, desde las más prácticas y menos estéticas, como son las cruces o puntos hechos con spray rojo, a las más atractivas y artísticas, que consisten en hacer un montoncito de piedras. Estas segundas son especialmente interesantes por varias razones; están hechas del material del camino mismo, de modo que hay que andar con ojo para reconocerlas. A cualquiera le llama la atención una mancha roja de pintura en una roca, pero saber si un montoncito de piedras es obra de un paisano que pasó por allí requiere un poco más de sensibilidad. Curiosamente los montones eran por lo menos de tres piedras (una piedra sobre otra puede ser puro azar de la naturaleza, tres empiezan a ser sospechosas), el caminante intenta dejar un rastro humano con los mínimos medios posibles. La mayoría se hacen muy deprisa, casi de cualquier manera, son poco más que un gesto, pero también hay quien se toma su tiempo (como el que hiciera la cita que se ve en la foto) añadiendo lo estético a lo útil. Otro factor importante es que es un acto efímero, que estas señales se "apagan", se extinguen, se destruyen con el tiempo (aquí el del reloj y el meteorológico comparten significante y significado) y hay que renovarlas constantemente, así que se trata de una obra realmente colectiva y anónima. Todo el que pasa cita o puede citar. Puede detenerse un poquito y pensar en los otros, "hablarles" del camino, "contarles" que se va por aquí o por allí. Y así acabé pensando que todo esto me estaba hablando en realidad de las palabras y del lenguaje, de que quizá nacieron igual que nacen los caminos, a fuerza de ese tránsito y ese trabajo colectivo, de ese producto "aleatorio" de amontonar piedritas o sonidos. El camino está citado, en el camino hay una cita, una alusión a algo que está fuera del camino o del texto pero que lo explica; otro caminante que ya lo anduvo u otro escribiente que ya lo escribió.

28.6.07

Origo y Origami


Hace poco que conocí la palabra "origo". "Origami" ya la conocía. Origami es el arte de crear figuras a base de plegar un papel, y el origo es un término que se emplea en lingüística, aunque también es una palabra con profundo significado esotérico y numerológico. Si se busca en internet, aparece sobre todo como nombre comercial de diferentes productos.
El uso lingüístico tiene que ver seguramente con "el origen", con el "de/ desde dónde", con el punto cero desde el que se mira o se avanza o quizá incluso se habla. Esta mañana pensaba si también tendría que ver con el origami, en cuanto que el uno pliega y despliega el papel con las manos y el otro hace lo propio con el espacio usando las palabras.
Esta forma de plegar papel o de hablar para contar pajaritas o representar espacios, varía de unos idiomas a otros y trae bastantes problemas al aprendiz de español como lengua extraña, porque parece que el castellano es lingüísticamente una "lengua egocéntrica".
Me imagino que estos problemas se reducen mucho cuando se aprende español en un contexto hispanohablante, donde las referencias lingüísticas al espacio se viven continuamente de forma cotidiana, y pueden aprenderse sin teorizar demasiado. Pero cualquier profesor de ELE sabe lo difícil que es transmitir el uso de los verbos "ir" y "venir", "llevar" y "traer", y de la deixis en general, encerrado en una clase en un país extranjero.
En otros idiomas, no parece ser tan importante, o tan "fija" la perspectiva del hablante, y se sigue otro tipo de lógica; una acción se describe con un verbo:

1. - ¿Tienes hambre?
- Sí, tengo hambre.

2. -¿Ves mucho la tele?
- No, no la veo casi nada.

Sin embargo a veces se usan dos diferentes:

3. -¿Vienes conmigo al cine?
- Sí, voy.

Esto no le llama la atención a ningún hispanohablante, pero un alemán respondería sin duda "-Sí, vengo" a la pregunta número tres. En principio las palabras directamente implicadas no son muchas; los verbos ya citados, y los deícticos como "aquí", "ahí", "allí", y sus correspondientes "esto", "esa"..., pero el concepto que hay detrás de las palabras se filtra seguramente a todos los niveles del habla. Cuando leí lo de que el español es "egocéntrico" no pude evitar sentirme casi "ofendido" (¡que me insultan el idioma!), pero parece que sí, que tenemos una especie de ancla, de centro gravitatorio.
En internet encontré que "origo", ontológicamente, significa el origen sin origen de todo lo que existe, o sea, que ese punto cero que en otros idiomas flota, y se desplaza (que si tú me dices "ven", lo dejo todo y "vengo"), en español está fijado en el "yo", y además, en el de cada uno.

7.4.07

Español über alles

"Un Congreso como éste debe ayudarnos a recuperar nuestro orgullo, nuestra identidad", dijo y añadió: "No hay lengua ni cultura que esté por encima de nosotros. Ni lo estuvo, ni lo está, ni lo estará". (César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes. Cita de El País)

¿Qué razones se pueden tener para estar orgulloso de la propia lengua?
¿Orgulloso del trabajo que me costó adquirirla?
¿Orgulloso del trabajo que realizo día a día para conocerla, escribirla, leerla cada vez mejor?
¿Orgulloso de que sea "la mía", de que "me pertenezca"?
¿Orgulloso de que, después de aprender un número considerable de otras lenguas, me siga pareciendo la mejor?
Si se trata de mi lengua "materna", ¿puedo estar orgulloso de ella igual que lo estoy de mi madre?
¿Puedo estar orgulloso de mi lengua como de cualquier otra de mis cualidades físicas o psíquicas?

Si ninguna lengua ni cultura estuvo, está ni estará por encima de nosotros ¿es que somos nosotros los que estamos encima?
¿Estamos con todas las otras lenguas en un mismo nivel y convivimos armónica y respetuosamente y por eso estamos orgullosos?
¿Estamos orgullosos de todas las variedades nacionales, regionales, sociales, etc. de nuestro idioma?, es decir; ¿No hay lengua ni cultura dentro de mi idioma que este por encima o debajo de otra?
¿"Orgullo" e "identidad" se parecen tanto como para separarlas sólo con una coma?
¿Se identifica un catalán con un rioplatense? ¿Uno de Toledo con un hispano de Nueva York? ¿Un inmigrante ecuatoriano con su jefe de Madrid? ¿Un indio y un gitano?
¿Puede el mismo idioma ayudar a recuperar el orgullo a todos los anteriormente mencionados?
¿Dónde perdió cada uno su orgullo?

1.4.07

Transparencias

La ciencia tiene a veces detalles muy poéticos. O será que yo tengo tendencia a desvirtuar las cosas. A veces, en medio de una disección te caen encima unas flores de colores, como el otro día me cayó a mí la transparencia en clase de lingüística y me sacó de la vía por unos minutos. Así pues, parece que la transparencia es una característica de los idiomas, y por tanto, la falta de ella también, y también los pasos intermedios, y claro... unos idiomas son más transparentes que otros y etc, etc...
Y , ¿en qué consiste dicha transparencia? Pues yo me hice la idea de que transparente es el idioma que deja ver detrás su discurso la estructura gramatical que lo sustenta (todos estos términos son discutibles). Vamos, que viendo las palabras y las frases se dejan ver también las reglas que les dan forma y orden respectivamente. Todo esto sale a la luz cuando se analiza y se compara, porque normalmente estamos acostumbrados a la penumbra de nuestro propio idioma, sin sospechar que afuera hace un sol espléndido, o que está aún más oscuro que dentro. Lo más importante del asunto es que una mayor conciencia de las zonas oscuras de nuestra lengua puede ayudarnos mucho en la clase. Oscuro es, por ejemplo, lo que no se deja derivar de forma regular. Las lenguas flexivas como la nuestra tienen un amplio catálogo de verbos irregulares, es decir, opacos. Esto no quiere decir que la irregularidad sea aleatoria ni imprevisible, pero casi (por lo menos para el alumno). Bastante transparente sería en cambio nuestra formación del plural (-s ó -es) si exceptuamos los efectos secundarios ortográficos (pez/ peces). Aquí estaríamos casi a la altura del campeón de los transparentes, que es nuestro amigo el turco (-ar/ -er según sea la armonía de vocales: at=atlar/ ev= evler). El alemán suspende estrepitosamente con sus ocho formas de hacer el plural, de las que no voy a poner ejemplos.
Un aspecto interesante sería investigar en qué medida, lo transparente en el sistema, lo es también para el aprendizaje, porque no siempre aprendemos más rápido lo que es más económico. En general nos cuesta más derivar palabras (conjugar, por ejemplo) que añadir palabras nuevas (conjugar mediante un verbo auxiliar).
Un ejemplo de por qué se dice que el turco es transparente:

La palabra "oynamasaydık" significa "si no hubiéramos jugado":

oyna - raíz del verbo jugar (oynamak)
ma - no
sa - sufijo del condicional
ydık - 1. persona plural del pasado

Esta estructura es directamente aplicable a cualquier verbo. Las dos últimas vocales pueden variar según la armonía vocal:

oynamasaydık / beklemeseydik
yapmasaydık / yemeseydik
okumasaydık / istemeseydik
unutmasaydık / bilmeseydik

Ahora la "palabrota" dentro de una frase y posibles equivalencias en otros idiomas:

1. "Keş ke oyunlar oynamasaydık"
2. "Ojalá no hubiéramos jugado a esos juegos"
3. "Hätten wir nur diese Spiele nicht gespielt!"
4. "If we only had not played this games"

Contra la pretendida "economía" del turco se podría decir que qué más da escribir los elementos juntos que separados, pero no se trata sólo de eso, sino de cómo se llega a cada uno de los elementos. Si bien "hubiéramos", "hätten" y "had" son auxiliares fácilmente reconocibles, no hay que olvidar que son irregulares los tres. En el caso de los participios, en el ejemplo son todos regulares, pero no es siempre así. En alemán e inglés abundan los irregulares, y en los tres idiomas suelen ser irregulares los participios más habituales.
La "libertad" sintáctica no es siempre un bien preciado al aprender un idioma. Muchas veces nos quedan grandes las libertades. Aunque la frase del ejemplo es demasiado escueta, los espíritus libres pueden intentar cambiar el orden de cualquier elemento en las frases 2, 3 y 4, a ver si tienen éxito...
Las ventajas estéticas son quizá subjetivas. Quizá.




23.2.07

Falta de "tacto"

Uno de los muchos condicionantes del aprendizaje de un idioma puede ser el de estar más o menos "expuesto" durante el proceso de adquisición de dicha lengua a su forma "dialogizada". (Este palabro lo encontré leyendo a M. Bajtin, y lo utilizo a lo bruto, porque tiene un fondo al que yo no llego, pero que puede ser útil aquí).
El diálogo falta en la clase de idioma, porque para dialogar hacen falta al menos dos personas en condiciones de hacerlo. A veces he pensado si sería una solución que hubiera dos profesores, o dos hablantes nativos en el grupo, porque esto proporcionaría a los aprendices una experiencia "real" de diálogo, es decir, que escucharían el idioma que estudian "dialogizado". Creo que no es descabellado decir que en las clases no hay diálogo, ni siquiera en las clases de conversación. Las "conversaciones" en clase son normalmente "monólogos" sucesivos, debido por una parte a las limitaciones de los alumnos y, por otra, a las limitaciones del contexto, que anulan la "necesidad" real de las palabras, la conexión con la vida, con una motivación. Esto no es una crítica, sino una sensación que se me repite en el contexto familiar, cuando observo los progresos de mis hijos en el aprendizaje del español en comparación con sus otros idiomas.
A veces pienso que les falta la experiencia del diálogo (yo soy, por desgracia, casi su único "Sprechpartner", su único compañero conversacional en español), del diálogo externo a ellos, de escuchar cómo se interrelacionan realmente las palabras en un diálogo real, cómo chocan, se entrecruzan, se sobreentienden o se erosionan. Es algo así como la imposibilidad de "tocarse" con las palabras. En los "pseudodiálogos" los hablantes no se tocan verbalmente, permanecen "ilesos". Quizá tenga que ver con la dificultad en general de "tocar" las cosas con las palabras de un idioma que no es el materno, donde cosa y palabra son casi lo mismo.

1.1.07

Haciendo repaso...

Releyendo el diario de este año 2006, encontré algo que tiene que ver con este tema de las interferencias que comentaba en el último post. Al final uno se da cuenta de que habla siempre de las mismas cuatro cosas... espero que en el fondo no sea esto hablar en círculo sino más bien en espiral.

26.12.05
Lo más difícil de los idiomas no es, a la larga, lo que se expresa de un modo radicalmente diferente, aquello que te hace realmente pensar de otra manera, sino más bien lo que se parece, lo que es casi igual pero no. En esa zona de "contacto" se nos reconoce como extraños a la lengua ajena, y la nuestra propia se erosiona y se tiñe de ese uso contagioso de la otra. Y entonces son "los nuestros" los que nos reconocen como extraños, porque la diferencia no es "exótica", sino apenas perceptible, entretejida en lo más cotidiano del lenguaje, y nada inquieta más que la observación de lo que parece cotidiano y de algún modo no lo es.

24.12.06

A la sombra de una sombrilla.

Apretó tanto el tiempo en estos últimos meses que no pude apenas ocuparme del "español" de mi hijo (dos años y medio), que crecía a la sombra de sus otras lenguas como iba pudiendo, poco o nada, torcidito y lleno de "malas hierbas". Pero al final me asomé y estaba allí todavía. Lo regué un poquito, le removí la tierra. Con mucha más paciencia de la que yo tengo con él, se fue adaptando al molde de mis preguntas y estuvimos jugando a la ka y a la te y a la erre. Satisfecho de haberle ganado una batallita al hipérbaton y otros insectos hablé después con mi amigo M. de Madrid, que me dijo que me notaba un acento extraño, como de entrenador de fútbol alemán afincado en España.
Por estas y muchas otras señales de la vida diaria voy construyendo un perfil de algo que todavía desconozco pero que va poco a poco cogiendo cuerpo allí, en su cajón de sastre.
La literatura en mi propio idioma, es decir la mía propia, me viene ahora contada, comentada en "extranjero", me lee lo que no leí, me hace ver lo que no vi, y a veces hasta me explica en otro idioma lo que creí que había entendido en el mío.
Entre todas estas sombras, muchas veces viene luz que me ayuda a pisar fuerte, y doy un par de pasos más hacia el interior del bosque.
Y así se va acercando el fin de año y será por eso que estoy como haciendo balance involuntario. Espero que mis alumnos no se enteren de lo de mi acentillo...

14.12.06

Respuesta al comentario de Ana

He puesto aquí la respuesta a un comentario de Ana Macías al post de "Los pronombres bailan", porque me parece importante, y porque hay algunos problemas técnicos con los comentarios.
El comentario de Ana:

Yo creo que con los pronombres personales, como con otros aspectos de lo que enseñas a los alumnos de español, hay que tener una cosa en cuenta: ?dificulta entender a un hablante aleman de español si utiliza mucho los pronombres? Yo creo que no, no tengo problema al escuchar que los mencionan tanto, creo que es mas importante que aprendan correctamente SER y ESTAR, sin liarles diciendo que los dos son el verbo SEIN en alemán. Ahí si que estoy en total desacuerdo, ahí si que incido, y les insisto en la diferencia entre ser (sein) y estar (sich befinden), por lo menos en el aspecto espacial de estar. Un saludo,

Ana macias


Hola Ana:
Gracias por tu comentario. Yo también creo que hay que tener en general un criterio "práctico" a la hora de enseñar. De hecho hay muchos alumnos "pragmáticos", que dicen cosas como:
"bueno, pero de todas formas me entienden aunque lo diga mal, ¿no?". Por supuesto que es primordial entender y que te entiendan, sin embargo, los "malentendidos" surgen muchas veces de los detalles que parecen a primera vista más insignificantes.
En cuanto a si la repetición de los pronombres en nominativo molesta o no, es por supuesto algo relativo. Yo puse el símil de la luz que molesta para explicar la idea, (quizá un poco exagerada, lo admito) pero lo que está claro es que estos pronombres en español no son "neutrales", es decir que llaman la atención cuando se usan (para eso están), tienen una función casi deíctica, y su uso fuera de lugar "delata" inmediatamente al que habla. Yo no digo que haya que insistir demasiado en esto en las clases, de hecho lo que escribo en este blog son cosas que me llaman la atención precisamente por lo diferentes que son en los distintos idiomas, no son siempre mis "estrategias didácticas" ni mucho menos.
En cuanto a lo que dices sobre ser y estar, también estoy de acuerdo contigo, en el sentido en que la identificación de ambos verbos con sein es una fuente de problemas. Por supuesto que sein no es siempre ser y estar, pero estar tampoco es siempre sich befinden, también es sein, combinado con indicaciones de lugar (da, hier, zuhause...) y stehen, sitzen, liegen, y qué se yo cuántos más. Y ser no es siempre sein, sino aussehen o statt finden... El problema no es tanto lo que se puedan multiplicar las posibilidades, sino lo que se pueden reducir. Y de hecho, se pueden reducir todas (?) a sein. Y en la práctica no hace falta que tú como profesora "líes" a los alumnos, sino que ellos solitos crean esta asociación, y hay que vivir con ella queramos o no.

Un saludo

David

23.11.06

La carne se hizo palabra















Las representaciones en sección del aparato fonador humano son demasiado abstractas para suscitar algún "sentimiento" ante el fenómeno que pretenden explicar. Son demasiado funcionales. Falta la carne, la sangre y las mucosas, y sobre todo, el aire. Empujando, entrando, saliendo, comprimiéndose. Doblegándose o escapando apenas de los órganos activos, acariciando los pasivos y saliendo por fin en suspiro, rugido, murmullo, beso.
Es el cuerpo que habla. Es la piel, hueso y carne que reparten el aliento, que vibran y producen. Son ellos con su forma de nadar los que organizan el aspecto de nuestros mensajes. Ellos tienen el secreto del puzzle de cada palabra, de la armonía de las vocales, de la atracción o repulsión de unas con otras letras, la clave de lo irregular, de lo que no cuadra en las reglas pero es así porque sí, porque la cabeza quisiera hablar pero no puede porque la que habla es la carne por su boca de carne.


Aquí un link para curiosos


11.11.06

La lengua del salvaje

Cuando digo salvaje me refiero, en esta ocasión, a Tarzán; el prototipo del salvaje y, quizá por eso, el más inverosímil de todos. Para poder contemplarle le equipamos con un mínimo taparrabos, que es algo así como un calzoncillo salvaje como él, y para poder entenderle, le dotamos de lenguaje, porque el que tenía sólo vale para las fieras. Ahora necesita un lenguaje de nuestra categoría pero reducido, como su propio atuendo.
No sé si el diseño de este lenguaje de Tarzán les llevó mucho tiempo a los guionistas de las películas, si se documentarían y consultarían a expertos en lingüística, o si fueron los mismos encargados del vestuario los que se ocuparon de confeccionarle al personaje un habla de emergencia con algunos jirones del idioma.
Yo nunca analicé exactamente los rasgos del lenguaje de Tarzán, y hace mucho tiempo que no veo las películas, pero ahora pienso a veces en cómo serán las versiones en los distintos idiomas en los que se ha doblado. En español yo diría que hay tres puntos fundamentales: Ausencia de conjugación, ausencia de artículos y omisión del verbo ser y estar.
Volví a pensar en ello hace una semana, cuando con un grupo de principiantes practicábamos el famoso experimento "¿Qué es esto?- esto es una mesa", y todos olvidaban sistemáticamente el verbo ser: "esto una mesa". No era la primera vez, sino que sucede casi en todos los casos, y los artículos corren una suerte parecida. Son olvidados continuamente, tanto por principiantes como por avanzados, igual que se olvidan de conjugar los verbos.
Entonces ¿somos salvajes cada vez que aprendemos un idioma? Si utilizar los artículos es un signo de "refinamiento" o "civilización", ¿por qué no nos acompaña la necesidad de usarlos cuando aprendemos uno nuevo? ¿Son los idiomas sin artículos menos civilizados?¿Por qué nos olvidamos del verbo ser en "esto mesa" si no cuesta nada decirlo?
A lo mejor es el salvaje que sigue acechando, y aprovecha nuestra inseguridad para desatarse, para evitar que le pongamos la ropa, para comerse los artículos y los verbos copulativos, para trepar por los edificios con las manos desnudas.

29.10.06

Ortografía razonable

El mundo de los signos escritos que representan sonidos es una de las cosas más complejas con las que uno se las puede encontrar en el terreno lingüístico. En un contexto "unilingual", la ortografía sólo la percibimos cuando "estorba". Esto quiere decir que la relación sonido-signo es, para la persona que sólo conoce su lengua materna, de uno a uno (1:1) salvo en los casos de incongruencia interna del idioma en si (por ejemplo letras que corresponden a más de un sonido o al revés).
El aprendizaje de un segundo idioma pone de manifiesto la relatividad de todo este nuestro "pequeño mundo", pero por lo general, no vamos más allá de experimentar un pequeño extrañamiento del tipo: "qué-curioso-cómo-pronuncian (escriben)-estos".
Una experiencia continuada con otra lengua ,o la adquisición de una tercera quizá, hace que nuestra creencia en la convención se vaya disolviendo, y la paleta de colores de nuestro propio idioma se integra poco a poco en un catálogo mucho más amplio.
Hasta el día de hoy, y desde el momento en que empezó en mi familia la aventura "trilingual", no he tenido ninguna duda de la capacidad de los humanos para adquirir dos, tres o más lenguas a la vez con naturalidad. Lo que me pregunto, ahora que estamos a las puertas del problema, es si resultará igual de fácil escribirlas, aunque ya me temo que la respuesta sea negativa.
De momento, y a falta de mayores y mejores teorías y teoremas, nos hemos puesto manos a la obra.


19.10.06

Los pronombres bailan 2

Si en una clase con principiantes alemanes yo pregunto: "¿Quién empieza?", más o menos el 90% de los alumnos responderá (si es que responden algo) : "mi". Yo me pregunto desde hace mucho por qué esto es así, por qué es más fuerte la interferencia del inglés que la de su propio idioma, y respuestas no tengo, pero me imagino cosas. A lo mejor es que tenemos una tendencia a pensar que todos los idiomas extraños comparten algo que es ajeno al nuestro, que el nuestro es, de alguna forma, "distinto" a todos los demás, o que todos los idiomas se parecen al inglés, no sé...
Sea como fuere, esto me lleva otra vez al tema del baile de los pronombres que interrumpimos antes de las vacaciones:
Cuando un pronombre es de uso facultativo (no obligatorio) quiere decir que desempeña una función significativa, o por lo menos "no automática". Esto es arriesgado decirlo, pero yo creo que un "ich" en alemán pasa mucho más desapercibido que un "yo" en español, simplemente porque aparece siempre que conjugamos un verbo en primera persona. En español sin embargo, cuando digo "yo" es por algo, y este "algo" no es fácil de transmitir al alumno.
En alemán lo explican como "Betonung" o "Hervorhebung", o sea "acento" o "énfasis", cuando queremos enfatizar o resaltar la persona del sujeto. Pero esta idea no basta, no cala en los alumnos porque en realidad nadie sabe a ciencia cierta lo que significa en este caso "énfasis" o "acento", igual que no saben lo que quiere decir "descripción" cuando intentamos explicar el pretérito imperfecto.
Una idea para empezar con buen pie (porque el baile de los pronombres tiene muchos palos) y con algo más concreto puede ser la de usar "yo" cuando queremos diferenciarnos de otro o de otros. Es decir, cuando la información no está centrada sólo en mí, sino que fluctúa de una persona a otra, se trata de mí con respecto a tí, tú una cosa pero yo otra, primero tú y luego yo, tú sí y en cambio yo no, etc. Es decir, que el pronombre es como un foco que ilumina el sujeto en cuestión, cuando la información fluctúa, se mueve. Por eso me lo imagino últimamente como una luz. Si me dirijo a alguien diciendo "", es como enfocarle con una linterna para atraer la atención sobre él, pero claro, la luz llega a molestar como molesta el "y tú tal porque tú cual, que tú esto, y tú aquello, y tú lo otro, y tú..." cuando hablamos a la misma persona. Del mismo modo, resulta ridículo, egocéntrico y exagerado cuando hablamos de nosotros diciendo : "yo tal y yo cual y yo esto y yo aquello y yo y yo y yo...", como si estuviéramos debajo de un foco y encima de un escenario.
Como ejemplo valga esta muestra del "Schlager" español más profundo. Lo mejor es escucharlo con ese "yo" a la argentina que le da Raphael : "Scho"

Como yo te amo, como yo te amo
convéncete, convéncete nadie te amará
Como yo te amo, como yo te amo
olvídate, olvídate nadie te amará,
nadie porque:
Yo te amo con la fuerza de los mares
Yo, te amo con el ímpetu del viento
Yo, te amo en la distancia y en el tiempo
Yo, te amo con mi alma y con mi sangre
Yo, te amo como el niño a su mañana
Yo, te amo como el hombre a su recuerdo
Yo, te amo a puro grito y en silencio
Yo, te amo de una forma sobrehumana
Yo, te amo en la alegría y en el llanto
Yo, te amo en el peligro y en la calma
Yo, te amo cuando gritas cuando callas
Yo, te amo tanto yo, te amo tanto yo….

10.10.06

Pan blanco y barreras.

Pan blanco y barreras arquitectónicas. Eso diría si me preguntaran qué encontré esta vez en mi país que no me gustara.
Hay una misteriosa contradicción entre esa colección de obstáculos que, por lo general, constituyen una agrupación urbana en España, y la naturaleza frágil, inconsistente de los materiales y la arquitectura. De aceras están dotadas las calles más notables, si no no existen, o son de dimensiones simbólicas.
Si te mueves, es casi imposible describir una línea recta, y aún más mantenerse en un solo nivel. En cambio si te quedas quieto y observas, Los espacios parecen mucho más accesibles que en otros paisajes. Muros que no separan, puertas que no cierran, ventanas que revelan salones, pasillos, medios dormitorios. No solo para el ojo, también para el oído: la tele, la risa, la bronca, que te subas, que si te bajas.
La brisa que te toca entra un momento después en un cajón del salón del cuarto piso, en la vida de otro.
En otros parajes son más fáciles los pasos, las subidas, las bajadas. Apoyarse con seguridad en un muro infranqueable, o llegar sin ningún obstáculo hasta una puerta que nunca se abrirá.

22.9.06

...y pausa

Dos semanas de vacaciones, que significa que no habrá nada nuevo hasta por lo menos el 6 o 7 de Octubre.
También quería comentar que he incluido un nuevo link en la lista que se llama "Electra". Es una página bien interesante de aprendizaje del español, donde han hecho una presentación muy bonita de mis blogs. Os animo a visitarlo.

¡Estaba lleno!

Hace unos meses leí el libro "Nieve" de Orhan Pamuk, uno de los autores turcos más importantes. La leí en español, porque me faltan todavía unos veranos para poder leer en original algo de ese calibre. Me impresionaron muchas cosas, pero un parrafo me llamó la atención especialmente, y no por su contenido, sino por su construcción, o redacción, como se lo quiera llamar. Es uno de esos párrafos, en los que de repente te das cuenta de que es una traducción lo que estás leyendo. Un poco como cuando en el cine, en medio de una película fantástica, alguien tose, o se te duerme una pierna o algo así, y te sacan del ensueño para recordarte que eso no es más que una película. Y esto no es en absoluto una crítica a la traducción; me imaginé, no sólo al traductor sudoroso y luchando con el parrafo durante semanas, sino al propio idioma español, contra las cuerdas e intentando sobrevivir al asalto en el que su contrincante golpeaba furioso con los puños llenos de converbios. (Todavía no sé cómo definir correctamente los converbios, pero así a lo bruto, se trata de construcciones verbales que en turco expresan frases subordinadas).
Preguntando a expertos, me enteré de que el lenguaje de Pamuk es de por sí bastante complejo, es decir, que el párrafo es ya, en su propio idioma, complicado. Sin embargo esto no me consoló, porque no me imagino a ningún autor en español escribiéndo un párrafo así, por muy complejo que sea su estilo. Es decir, que me encontraba delante de seis líneas con cinco "qués" contándome en el estilo más engorroso que imaginarse pueda, un mensaje que en su estado original resulta, seguramente, hasta poético.
Y también seguramente, esta distorsión se debe al afán (totalmente lícito) del traductor por ceñirse al original. Una opción más estética o literariamente "bella" se habría alejado demasiado, resultaría de seguro inaceptable... A mi me da para reflexionar bastante, sin llegar de momento a conclusiones. Voy a poner aquí los párrafos para que el que quiera los lea. Y que conste que el libro es altamente recomendable.


En español:

" O sea, según la propia expresión del comandante, que se jubiló anticipadamente tres años después y que, mientras le visitaba en su casa de Ankara, al señalarle sorprendido los libros de Agatha Christie que llenaban sus estanterías reconoció que lo que más le gustaba de ellos eran los títulos, "¡el cargador estaba lleno!".

En turco:

"Yani, üç yıl sonra erken emekli edilen ve Ankara`daki evinde görüşürken raflardaki Agatha Christie`leri işaret etmem, üzerine bana kitapların özellikle adlarını çok beğendini söyleyen binbaşının ifadesiyle '' şarjör doluydu!''

9.9.06

Los pronombres bailan

Una de las primeras cosas extrañas que un alemán o un inglés, por ejemplo, aprenden del español, es que se puede hablar sin pronombres personales (yo, tú, él... etc.). El profesor nativo explica, casi siempre con un cierto toque de orgullo, que en este idioma los verbos son capaces de expresar por si mismos de qué persona gramatical se trata, sin tener que ponerle siempre delante el pronombre correspondiente, ya que existe una terminación diferente para cada una. Yo reconozco que me gusta esta cualidad del español, y que, aunque poco a poco me he acostumbrado a usar continuamente los pronombres en alemán, me sigue pareciendo incómodo y muchas veces antiestético, por no decir feo. Claro que, la situación del alemán en este ámbito es especialmente difícil: un inglés puede argumentar que él conjuga por delante en vez de por detrás, y que los pronombres son una especie de terminaciones personales al revés. El alemán en cambio tiene que conjugar en ambas direcciones, es decir usar los pronombres siempre y después conjugar el verbo. Una mala pasada de la gramática.
Así pues, se puede decir que los pronombres personales (con función de sujeto) son en español "facultativos", y con esto empieza el baile. Y los pronombres son los pies de la pareja del alumno. Los pisan, tropiezan con ellos, los pierden de vista, los miran demasiado o los ignoran, pero casi nunca se dejan llevar por el ritmo (claro, es fácil decir "déjate llevar" cuando conoces el compás de la canción).
La explicación teórica que ofrecen los manuales a los estudiantes es que los pronombres en español tienen una función "enfática", es decir que acentúan, remarcan, insisten, resaltan. Esto en la práctica no ayuda mucho, y la mayoría los sigue usando como si hablara en su idioma, u optan por eliminarlos completamente, lo cual también resulta antinatural.
Yo estoy convencido de que la dificultad de aprender a utilizar los pronombres con naturalidad tiene no sólo dificultades "gramaticales". Con este término me refiero a las dificultades típicas que se encuentran al aprender nuevas reglas que son en mayor o menor medida distintas al las del idioma materno; en el caso del alumno alemán por ejemplo, el hecho de la obligatoriedad de los pronombres nominativos, la inversión total (en la mayoría de los casos) del orden de los pronombres en la frase, o la declinación de los pronombres, tan ambigua en ambos idiomas para los hablantes de a pié. Todo esto crea sin duda grandes dificultades, pero para mí, pedirle a un alemán que hable sin pronombres es como pedirle a un hispanohablante que hable sin "ques". Es quitarle la llave de la puerta de su casa. El pobre tipo andará desesperado hasta que se dé cuenta de que la solución es dejarse la puerta abierta.

22.8.06

Las cosas como son... (II) "la opción cero"

Ya comenté que había leído que los idiomas no se diferencian en lo que son capaces o no de expresar, sino en aquello que están "obligados" a expresar, en lo que ya no es facultativo sino obligatorio. Estas pequeñas (o grandes) obligaciones que un idioma impone al hablante constituyen su "peculiaridad", conforman básicamente los "rasgos de la personalidad" de esa lengua.
Así, la dualidad ser/estar es un rasgo peculiar del español, porque en la mayoría (?) de los idiomas no existe. El español es, en este tema, más "detallado", más "complejo", o simplemente más "complicado" o "engorroso" según se califique el fenómeno positiva o negativamente.
Aparte de los juicios, lo que sí es cierto es que el español se sitúa en un "extremo de la tabla", con sus "como mínimo" dos opciones para este verbo, que es el verbo de los verbos, se podría decir. Le siguen en la clasificación el inglés y el alemán por ejemplo, con su "como mínimo" una opción, y más arriba (o abajo) el ruso y el turco por ejemplo, con sus "como mínimo" cero opciones. Resalto el "como mínimo" porque ahí está el quid de la cuestión, en el límite por debajo, no por encima, en el "mínimo común denominador", si es que es válida la comparación con las matemáticas. Se trata de lo "económico" que puede llegar a ser un idioma.

Con ejemplos:

1. Pepe es cartero. Está en casa.
2. John is postman. He is at home.
3. Klaus ist Briefträger. Er ist zuhause.
4. Ali postacı. Evde.


En 1 (español) usamos "es" para definir a Pepe mediante su profesión (tiempos aquellos en que uno se definía mediante su oficio... quizá se esté quedando el español anticuado en este campo...), y "está" para situarle o localizarle en el espacio.
En 2 y 3 ( inglés y alemán) se usa el mismo verbo para ambas frases.
En 4 ( turco) no existe verbo explícito en ninguna de las dos frases, y esto es posible porque se otorga valor "cero" al verbo de los verbos, es decir: la ausencia de verbo = verbo ser, y estar para localizar en el espacio se expresa declinando la palabra ("ev", "casa") en su caso locativo. La tercera persona es especialmente "económica" en turco, porque ella misma es la "opción cero" de las desinencias de persona en la conjugación, es decir: ausencia de terminación personal = tercera persona. Si se trata de otra persona, p.e. "yo soy cartero", la palabra "cartero" recibe la desinencia de primera persona singular: " ben postacıyım" ¿Se puede ser más económico?
Pues seguramente sí, aunque es difícil, igual que se puede ser más complejo que en el español en el otro extremo. Yo desconozco otras opciones más o menos complicadas, pero seguro que las hay.

6.8.06

Las cosas como son...

Muchas veces ocurre en el idioma que una misma "herramienta" tiene distintas funciones o aplicaciones. Pasa con el aspecto de los verbos (perfecto/imperfecto) y con el modo (indicativo/subjuntivo), pasa con las preposiciones, con ser y estar y con muchas otras cosas, aunque estos cuatro se han convertido en las cuatro "grandes dicotomías" del español, esos momentos terribles en los que hay que decidir ¿trabajé o trabajaba?, ¿voy o vaya?, ¿por o para?, ¿es o está?. Lo difícil no es que haya dos opciones donde antes había una, sino que casi nunca hay un solo criterio para cada una de ellas, algo sencillo como : " si hace sol me llevo la sombrilla, y si llueve me llevo el paraguas". Se trata en cambio de elegir teniendo en cuenta varios criterios a la vez.
Esto no es solamente difícil de aprender, sino también de enseñar, porque para los hablantes nativos no existen tales dicotomías. Esta situación es un efecto de enfrentarse al lenguaje desde fuera, desde otro lenguaje. Un nativo nunca considera ser en oposición a estar. Por lo menos, yo no recuerdo nunca haber sentido esto, ni tampoco que en las clases de lengua se plantearan ejercicios de este tipo. Yo tengo más bien la sensación de que para los hispanohablantes ser y estar son dos verbos desde el principio totalmente diferentes, que no tienen mucho más que ver entre sí que correr y andar, o comer y beber por ejemplo (esto lo digo bajito porque no estoy totalmente seguro. Si alguien piensa otra cosa que lo diga).
Así, los nativos que intentamos enseñar español, vamos aprendiendo a verlo de esta manera, intentando dar con las claves mágicas de la elección correcta. Y muchas veces se encuentra uno con que las ideas más difundidas no son precisamente las mejores, lo cual nos dificulta aún más el trabajo. Una de estas ideas es la de asociar estar con cualidades pasajeras o cambiantes del sujeto, y ser con las cualidades permanentes, lo cual lleva en clase a la típica situación de "pero esto puede cambiar y se dice con ser" o "esto no cambia y se dice con estar". No es que la idea sea falsa, sino que entran en conflicto distintos conceptos, y a veces se imponen unos y a veces otros.
Bastante más acertado es decir que ser es un verbo para "definir", aunque para ser exactos habría primero que definir qué es una definición, y aceptar que hay cosas cuya definición es precisamente estar aquí o allá. El típico ejemplo de esto es: "si Hamburgo está en Alemania siempre, ¿por qué se dice que "está"?" Esto puede explicarse como una (enorme) excepción a la regla "cualidades permanentes con ser", o como un concepto más que se esconde tras el verbo estar, y es su atracción irresistible por el espacio, por "poner" las cosas en su lugar, por describir la "situación" de las cosas.
La misma crítica podría hacérsele a ser, por tener el monopolio del tiempo, la menos permanente de las cosas que existen.
¿Por qué son las siete, si antes de que acabe de decirlo ya no lo son?. Hoy es viernes, es cuatro de agosto, es de día, es de noche... ¿Se trata de otra enorme excepción, o será que ser tiene una irresistible atracción por el tiempo?
Es espeso el bosque de las excepciones. ¿Por qué somos amigos? ¿Es que es eterna la amistad?¿Por qué estamos casados? ¿No debería durar para siempre?¿Por qué algo está roto aunque no tenga arreglo?¿Por qué alguien está muerto?
Todas estas contradicciones se entienden mejor bajo el concepto de definición. Los lazos de amistad nos definen, igual que los de sangre quizá, somos amigos igual que somos hermanos. Las cosas están rotas y las personas están muertas, porque esas cualidades no pertenecen generalmente a su definición.
Por este camino se puede quizá llegar a la idea de que ser define y estar describe, pero esto no significa que ser no pueda describir. Ser describe las cosas en su "esencia", describe las cualidades que definen la "idea" o el "concepto" que tenemos de algo. Crea una especie de "ficha" esencial. Así, decimos que hemos conocido a Ingrid, que es alemana, rubia, alta, gordita, simpática, luterana y conductora de autobuses, porque son las cosas que yo apunto en su "ficha", independientemente de las circunstancias o el contexto en que la he conocido. Cuanto más entran en el juego de mi descripción el momento y las circunstancias concretas de mi encuentro, más utilizo el verbo estar, y diré que en ese momento estaba cansada, enferma, de buen humor, sentada o de pié, hablando con una amiga, nerviosa o deseando irse a su casa.
Esta separación entre lo que el español considera la "esencia" y la "circunstancia" de las cosas no es tan radical como para evitar que muchos adjetivos transiten de una a otra categoría, creando un "juego lingüístico" que los nativos dominan a la perfección, pero que a los aprendices de ELE les cuesta mucho hacer suyo.
(Termino aquí de momento aunque no me gusta este final tan pesimista...)

27.7.06

Clases para adultos

Yo no tengo la culpa de tener más de seis años. De que se me hayan juntado o separado los hemisferios cerebrales, ni de tener la cabeza ya tan llena de signos, palabras y de tantas cosas que sé y que ocupan lugar (y mucho). En cierto modo tampoco de pensar que a veces es mejor callar que hablar, ni de encontrar vacías o distorsionadas la mayoría de las palabras que oigo.
Tengo la culpa de encontrar aburrido lo que en realidad es divertido. Tengo la culpa de no consentir equivocarme, de no encontrar placer en expresarme, de carecer de iniciativa y de imaginación, de no fascinarme cuando el mundo se me revela en otros códigos, de no lanzarme a la aventura de conquistar las palabras, de aplastarme en el sofá de mi propio idioma, de hacer las cosas por obligación, de querer aprender sin dejar de ser el que soy, de no disfrutar las palabras, saborearlas, gritarlas, cantarlas, repetirlas, de no saltar de alegría cada vez que me entienden...
De lamentar no poder aprender una lengua como lo hacen los niños sin intentar siquiera un poco comportarme como ellos.

18.6.06

El futuro es cuestión de tiempo (I)

Está claro que el asunto del aspecto verbal de los verbos en pasado es en español uno de los temas más difíciles para los aprendices, y en consecuencia nos entregamos (profesores y alumnos) a enseñarlo y aprenderlo con la seguridad de que vamos a librar una batalla bien concreta y bien dura. Esta "conciencia" que tenemos del pasado gramatical como "problema" nos suele faltar cuando abordamos el tema del futuro, y es curioso, porque también es bastante complejo e igualmente rico en "aspecto" y que, al igual que el pasado, nos obliga a elegir entre diferentes formas verbales para expresarnos con el "color" adecuado.
A primera vista resulta llamativo que el tiempo propiamente llamado "futuro", sea el menos utilizado cuando hablamos del futuro, al menos en el habla coloquial. Dejando aparte el factor "lenguaje escrito - lenguaje hablado", que también tiene un papel importante en este caso, yo me imagino una linea que progresa en dirección a algo que podría ser la "incertidumbre" (pero también otras cosas), sobre la que se sitúan ordenados de menos a más (inciertos):

"trabajo"____ "voy a trabajar"____"trabajaré"

Es decir, que solemos expresar el futuro con estas tres formas según la carga de certidumbre o seguridad que la información tenga o queramos trasmitir. Esto desde luego es aun una descripción bastante incompleta y cargada de excepciones, y seguramente no es aplicable a todos los países y regiones donde se habla castellano, pero a mi me parece más útil que las que he encontrado hasta ahora en los libros de texto. Claro que en los libros de texto no se aborda el concepto general, sino la forma concreta "voy a trabajar" por ejemplo. Y se le da un nombre que suele ser "futuro próximo" (de la nomenclatura confusa ya me quejé en un post anterior). Si yo fuera aprendiz de español, seguramente después de aprender este "futuro próximo", identificaría automáticamente el futuro de indicativo ("trabajaré") que me enseñarían un tiempo después, como "futuro lejano", y así estaría ya aprendiendo conceptos equivocados. A lo mejor el problema es mío por interpretar este "próximo" como cercano en el tiempo, lo cual es claramente erróneo, porque hay demasiadas excepciones que invalidan esta teoría. A lo mejor quieren decir "próximo" en sentido figurado, en el sentido de seguro, cierto, casi real, casi "palpable", convincente...
Esta "línea de la incertidumbre" no termina ahí, sino que continúa, igual que continúa la lista de tiempos que usamos para expresar acciones en el futuro, si bien yo la dibujaría a partir de aquí con trazos discontinuos,
porque a partir de aquí la acción se desdibuja progresivamente hasta casi "esfumarse". Así pues:

"trabajo"____"voy a trabajar"____ "trabajaré" _ _"trabajaría"_ _ "trabaje"_ _ "trabajara"